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Ya sé que todavía faltan unos días para Navidad, pero me he adelantado para felicitaros porque ese día llegan todas las felicitaciones a la vez, y no se les presta la atención que merecen.

Recuerdo cuando era pequeña que deseaba que la navidad llegara con mucha ansia, recuerdo los ratos en familia, recuerdo los villancicos, los pestiños, la manteca colorá que hacía mi abuela… Recuerdos…

Lástima que nos vamos haciendo mayores, las cosas van cambiando y, por día que pasa, menos ganas tengo que lleguen estas fechas. Esos recuerdos llegan cual estampida de elefantes arrasando por tu cabeza, y entonces es cuando más notas las ausencias, el paso del tiempo, los cambios en ti, en los demás…

Aun así, un poco de ilusión sí me hace que lleguen estos días; ahora veo la ilusión que yo tenía reflejada en los niños que me rodean. No en mi pequeño saltamontes porque todavía es demasiado pequeño, y no entiende de qué va todo esto, pero sí en mis sobrinos y en todos los pequeños que llevan la ilusión reflejada en sus rostros cuando van de la mano de sus padres por la calle.

Quiero daros un consejo antes de terminar este post. Disfrutad de la magia que os rodea en esta fecha, de vuestros seres queridos, de vuestra familia y vuestros amigos, y guardad muchos recuerdos en vuestras cabezas y en vuestros corazones; no sabemos si esta será la última en la que disfrutaremos de los que en este momento están con nosotros. 

Y sí, los recuerdos llegan como una estampida y duelen, pero también os arrancarán una sonrisa… Triste, pero sonrisa.

No tened miedo a decir un te quiero, un te extraño, un cuánto te he echado de menos, un lo siento o un perdón porque no sabemos si habrá una próxima Navidad para eso.

Y, sin más, me despido. Pero no sin antes desearos una muy Feliz Navidad.

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